martes, 19 de enero de 2010

(Historia 01) L A B E L L A D A M A

Sentí tu presencia apenas entré en la estación del metro, era como si realmente estuvieras unos cuantos pasos más delante de mí.
La briza llevó hasta mi nariz aquella mezcla de lápiz labial, rubor y cremas corporales, haciendo que mi mente retrocediera hasta 15 años y dejando en mi estómago una sensación tan particular que no sé cómo explicarla. Es que ella se veía tan como tú, de cabellos finos, rizados y rubios, de piel blanca y suave como un trozo de seda que con el paso del tiempo se arrugaba bellamente en todo tu rostro. Caminaba casi como tú solías hacerlo, con elegancia y sutileza, con pasos que a pesar de los años no perdían en nada la inteligencia que desparramaba ante los ojos espectantes de todos los pasajeros (pero aún así no te llegaba ni a los talones).
Recordé como me cubrías con tus amorosos brazos mientras me enseñabas a leer y escribir con un carácter fuerte pero dulce, con aquel carácter que también me exigía modales y habilidades, pero que nunca me hizo sentir menospresiado o ridiculizado frente a cualquiera. Imaginé también esas tardes en las que me consentías con postres que nadie más era capaz de preparar o con esas canciones que solías recitarme al ritmo de tu toca-discos francés. Me decías que debía ser "buen muchacho para llegar a ser un buen hombre como todo buen macho" (no sé si te habré cumplido), pero me defendías fervorosamente frente a cualquier acusación de mis padres y no te gustaba que me cargaran con responsabilidades domésticas... Es que eras tan machista, nadie podía tocar o mirar de mala forma al niño.
Recordé también tu silueta delgada, vestidos, zapatos de tacón, aros y pintura para uñas, tu gusto por estar y verse siempre impecable nunca te abandonó, incluso cuando te encontrabas ya enferma te levantabas para peinarte y seleccionar qué perfume usarías... "no me duele, en serio", "vete de la habitación", "anda al comedor, que esto pronto pasa"... Nunca supiste que te espiaba por la ventana para saber cómo estabas, aunque tenía 10 años sabía lo que ocurría porque ya me había pasado... Me siento un tanto culpable, es que si tal vez hubiese corrido más rápido... Si no me hubiera detenido porque las lágrimas casi no me dejaban respirar como ahora lo hacen... Te extraño tanto.


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